Una y mil veces te deseo
May 10, 2008
Te deseo, te deseo, te deseo una y mil veces, por lo que es mejor no pensar nada más. Se que tendré sed porque siempre tengo sed después de verte, y tendré hambre porque hemos cenado rápido, pero ahora te deseo, te deseo por encima de todo.
Me gusta pensar en nosotros en silencio. Siempre que nos comunicamos en la lejanía es a través de la palabra, por lo que prefiero una situación callada. Tú, yo y música en un lugar con poca luz.
Da igual la ciudad, la calle y el sitio. Tú y yo y la música. La ciudad, la calle, el lugar y la situación son tan sólo adornos. Es de noche, siempre nos encontramos de noche.
La mañana y los días nos están negados. Siempre quedan pensamientos que decir, pero no hay tiempo para ellos. Quizás la próxima vez, hoy no.
Ya nos hemos desnudado, deprisa, porque el deseo es enorme y solo existe esta noche, una noche. Mañana volveré a ese tren que me aleja de ti.
Ya no eres un sueño, ni un recuerdo, ni una voz lejana. Ahora estás a mi lado, desnudo, y puedo oler tu cuerpo y rozar tu piel estirando tan sólo mi mano.
Y te deseo, te deseo, te deseo una y mil veces, por lo que es mejor no pensar nada más. Se que tendré sed porque siempre tengo sed después de verte, y tendré hambre porque hemos cenado rápido, pero ahora te deseo, te deseo por encima de todo.
Te acercas a mí con un cigarrillo entre los dedos, excitado, imaginando la escena siguiente. Besas mi boca porque sabes que lo necesito. Así comienza el juego, tu conejita te necesita y ya está preparada para ti. Y yo te entrego mis labios, mis deseos, mi silencio, mis pensamientos para que conviertas todo ello en placer.
Separas tu boca, tomas mi cuerpo y lo sientas en la cama. Me pides que te coma. Enciendes otro cigarrillo, buscas un canal en el televisor, miras a lo lejos,…
Yo voy lamiendo tu cuerpo con mi lengua, mendigando con ella la misma súplica de siempre, que no dejes de desearme esta vez.
Cuando llego a tu vientre, ya no soy capaz de pensar nada. Se lo que hay debajo, lo intuyo. Tu polla será para mí. Mis pezones la rozan, es la puerta del placer.
Quiero que entre en mi boca. Sentirla caliente, fuerte, entregada a mí. Tú has estirado tu mano sin apartar la vista del televisor.
No me he dado cuenta, pero tu dedo está en mi coño, y ahora sabes que estoy mojada.
Me ordenas que suba, me ponga encima y te folle, pero yo no quiero, quiero seguir comiéndote. No he acabado, te digo, déjame, déjame que te coma… Pero contestas que no, que quieres meterla, que quieres que suba.
Yo subo, sabes que haré lo que me pidas,… y te follo, y me follas, y nos follamos, y te vuelvo a follar.
Tu conejita se va. Ya se ha hecho de día. Te mira, te sonríe, te besa, y se va. No hay tiempo para más.
Quizás la próxima vez, hoy no. Y en el tren se le escapan las lágrimas porque por mucho que beba sigue teniendo sed. Da igual la ciudad, la calle y el lugar, ya encontraremos otro día para ti, para mí y para el silencio


Comentarios
Got something to say?