El culito de meche
May 20, 2008
Por cuestiones de trabajo la encuentro terminando una jornada de trabajo, bastante apurada buscando el libro para firmar su salida y viajar a la ciudad donde vive muy cerca al centro laboral, obviamente me presento voluntariamente a llevarla en mi auto, gesto al que accede con agrado, se despoja el guardapolvo y muestra su sensacional figura una faldita clara bien ceñida muestra el enorme culo marcado por un calzoncito pequeñito daba la impresión que habían dos enanos cabezones bajo esa falda, al verla sentí que el pene empezaba a estirarse como hace un bebé al despertarse, me costó disimular esa primera erección que me empujó a adelantarme al auto y disponer todo para salir…
Era imposible dejar de apreciar las piernas de Mercedes, quién notó mis miradas indiscretas y coquetamente se inclinaba hacía mí llevando las nalgas hacia la puerta del auto dejándome ver un calzoncito blanco, con lo que aumentaba los latidos, acrecentando como era obvio mis ganas de echarme encima de ella.
Debo confesar que hace tiempo estoy intentando acercarme como hombre, ya que como amigos nos llevamos muy bien soy un tipo bien parecido, gusto de cuidar mi apariencia y percibo que tengo respuesta con Mechita.
-Mercedes le dije, gustas tomar un refresco mientras conversamos un poco o estás muy apurada. -Tengo una reunión en la Gerencia Hospitalaria y me urge llegar a ella, aunque déjame llamar y preguntar sobre la misma.
Efectivamente detuve el auto, esperé a que se comunicara por teléfono y se me presentó la oportunidad: la reunión se había postergado. Ingresamos a un restaurante, el local estaba vacío, nos dieron un apartado, solicité dos bebidas y empezamos el comentario, entenderán que fui un tanto directo en preguntar sobre su estado marital, su situación con su pareja, sexo, etc. Anticipé una disculpa por la forma de preguntar recibiendo como respuesta: no te preocupes, son temas cotidianos, el cuerpo es algo que lo conozco y trabajo sobre él, aunque hay quienes no quieren apreciarlo y menos disfrutarlo.
Esta respuesta me dio elementos para confesarle lo que sentía por ella y de lo era capaz al iniciar una relación, una sonrisa pícara y el breve silencio me empujó a acercarme a ella y suavemente estamparle un apasionado beso en sus carnosos labios ella respondió con un movimiento de lengua que me electrizó generándome una parada de pinga de me dejara actuar…
Rápidamente la puse sobre la mesa y empecé a jugar con sus tetitas, sus pezones se ponían cada vez más rígidos y los gemidos no se dejaron esperar, la puse en posición de perrito sus nalgas sintieron el efecto chupón que hacía con mi boca, chuparle el culo generó en ella una sensación muy agradable, luego mis grandes manos se encargaron de darle movimiento a esas nalgas que evidenciaban falta de atención masculina, su frondosa vellosidad mostraba los jugos de la excitación, el clítoris estaba en su máxima pronunciación, pidiendo a gritos la atención.
Mi lengua trajinó muy suavemente sobre sus labios mayores, menores y el monte, para que luego de frotarla culminara con un pronunciado: ¡Que riiiico, que riiiico, penétrame papito, méteme la pinga, culéame, destrózame!, en fin el orgasmo prolongado que tuvo me puso más calentón, con el glande empecé a jugarle el clítoris y luego la penetré rítmicamente.
Mechita llegaba a su segundo orgasmo y sus gritos de placer nos juntaban con más pasión, en cada penetración sentía lo más íntimo de su ser y ella de igual manera comentaba: que rico papi, hacía tiempo que no tenía un orgasmo como el que estoy alcanzando, déjame tu lechecita quiero sentirte más con ello, efectivamente mi excitación estaba a punto cuando Meche alcanza su tercer orgasmo, empecé a eyacular y también sentí tremenda felicidad al haber alcanzado con ella una magnífica faena sexual.


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